En la sociedad occidental se nota la falta de de ciertos valores, que en las últimas decadas han sido considerados obsoletos, y cuya erosión demuestra tiempo después los beneficios que suponian.
Cuenta una novela costumbrista británica de finales del XIX la historia de dos jóvenes hermanos huérfanos que vivían en una amplia finca de la campiña inglesa. El mayor de ellos, seco, envarado, meticuloso, se encargaba de gestionar el abundante patrimonio de la familia. El menor, en cambio, era un vividor cuyos días transcurrían en medio de una agitada vida social. Tras la inesperada muerte del primero de ellos, el otro pierde progresivamente su antigua alegría en poco tiempo, acaba cayendo en la bancarrota, enferma de gravedad y muere, ante la sorpresa de su entorno.
Hay una escena de la novela en la que el hermano menor, ya en el lecho de muerte, recibe a uno de sus amigos. Durante la conversación, recuerdan al hermano mayor, y el visitante se burla de su famosa flema, falta de nervio e inflexible, pero el enfermo le corrige: “Es fácil dice ser chispeante y libertino cuando se tiene quien lleve las cuentas. Las económicas y las morales. ¡Echo tanto de menos la mirada acusadora de mi hermano!”.
Algo semejante parece ocurrir en la sociedad occidental en lo que se refiere a ciertos valores, instituciones y formas sociales que en las últimas décadas han sido considerados obsoletos o circunstanciales, y cuya erosión demuestra tiempo después los efectos beneficiosos que suponían. Uno de los más claros es el matrimonio.
Mientras existían unos usos sociales que, de hecho, promocionaban la unión familiar estable, las cargas de profundidades ideológicas y culturales contra la institución que se han producido podían resultar incluso atrevidas. Ahora que la sociedad se mueve en buena medida bajo la influencia cotidiana de esos patrones, se muestran temerarias, vistas las consecuencias que ya afloran. Los números cantan. Y, paradójicamente, uno de los momentos más críticos para el matrimonio puede convertirse también en su oportunidad para demostrar los enormes beneficios que reporta a los individuos y a la sociedad.
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